sábado, 18 de agosto de 2012

Lo irrecusable


Apenas podía atisbar con timidez sobre su rostro al volver un poco mi cabeza.
Yacía ahí, como si no existiera lugar más cómodo que ese.
Sus ojos entrecerrados, tapados por sus cabellos, y su semblante lucían ligeros.
Mi brazo apenas le servía de almohada, y el suyo lograba asirse sobre mi pecho
con irreductible voluntad.
Su tenue respiración alcanzaba a humectarme la tez,
y mi mente, ofuscada, no concebía lugar más cálido entre tan gélido clima,
que el espacio que ocupaba mi cuerpo adyacente al suyo.

La obscuridad parecía haber llegado para no irse jamás,
y entre duermevelas miraba el techo de aquel refugio improvisado,
cavilando entre lo que ocurría, y la extasía que ello me generaba.
Cortantes ráfagas de viento pasaban inadvertidas entre tanto sosiego,
nuestro campamento parecía que en cualquier momento se levantaría.

No importaba.

Deseaba hacer un pacto con la noche y fraguar un motín contra el sol,
con el ambicioso fin de perpetuar ese momento,
en que ella,
fingía dormir tranquila entre mis brazos,
aseverando que no había más resguardo que el que ellos ofrecían.

Parecía segura,tranquila,
tanto como yo junto a ella.
Pensando —tal vez, y con sus manos entre mis dedos
en que aquello era lo correcto.

O así lo deseaba yo...