lunes, 7 de noviembre de 2011

Ten perspicacia.


Lunes 07, Noviembre 2011.                                                    15:06 h

¿Ser perspicaz?

Hoy, como cualquier otro día, el sol aparece y se extiende por cada rincón donde pueda llegar su luz, ilumina cualquier especie de penumbra y me hace entender un poco más el significado físico y teórico que tengo de las cosas que me rodean, de una forma muy superficial claro. Pero, ¿tiene el sol ese don particular de mostrarnos con su luz iridiscente la proyección simbólica de una mirada inmaculada? ¿Viene junto con él y el día, la sincronización de las aves en la ventana, la música que deja pensamientos paradójicos y frustrantes, y la adaptación orquestada por un guión ya aparentemente escrito? 

¿Dónde está el libreto?: A veces me pregunto, quisiera leerlo. ¿Ese por el cuál de seguro se debe estar rigiendo mi vida y cotidianidad, comprando con deseos, trastornos y utopías mi voluntad? ¿Es parte de una mente maestra y clandestina poner desasosiego a mis desenvolvimientos voluntarios e involuntarios con quien todo debería salir perfecto? ¿Acaso existe la perfección en esas líneas que me tutoran?

No sé si ya todo está escrito, y no quiero parecer ingenuo en este contexto, sé que tengo consciencia propia para entender todo aquello que hago y/o dejo de hacer. A veces el sentido común no avizora en mi humanidad, me siento manipulado por algo o alguien inexistente, robotizado tal vez, como si cometer errores absurdos fuese parte del plan. Y no por parecer desconcertado quiero dejar impune el descuido y la apatía de mis actos, es absurdo.

Soy un títere, títere de un deseo que no puedo lograr cumplir. Interpreto cada acción y suceso en mi realidad como una señal para actuar, pero no lo hago. La luz del nuevo día, de este sol eterno, no me enseña la verdad que se esconde tras los ojos y acciones de quienes me rodean, de quienes quisiera saberlo y entenderlo todo, desde lo más banal y sublime, hasta lo más inescrutable y confuso.

Es esta personalidad pálida, pusilánime y misántropa que me abstiene de comprender lo sencillo de la vida, comentarios polifacéticos, multicontextuales. A veces me pregunto si mi álter ego podría hacer más que estas líneas escritas, si tiene el coraje de salir de la convalecencia de esta enfermedad crónica de desánimo mental para enfrentarse al terror que le puedan generar sus deseos y metas, e intentarlo, sentir el placer de ser torturado por sus fobias luchando por lo que quiere y por quien quiere.

Mis anhelos son una forma más explícita de ver; con el transcurrir de los días, la infelicidad perenne a la que al parecer le cojo gusto, no porque sea agradable, o porque sea regida precisamente por un guion, libreto o línea estúpida que marca y encierra mi realidad, sino más bien por el miedo al fracaso de ser quien quiero ser, y por el chantaje del anonimato.

¿Por qué todos aparentan una sonrisa? ¿Por qué no puedo ser como ellos simplemente? Ingenuo, convencional, sin terror, sin meditación… sin algo que me impida vivir realmente.

Sé que todo tiene su propósito,
Ella un día me lo hizo saber.
Luis Escalante

jueves, 3 de noviembre de 2011

Penurias del 2.


Miércoles 02, Noviembre 2011                                                                                 23:02 h
Para Usted, debe ya saberlo.

Está culminando el día y la somnolencia no me domina aun, quizá porque no quiero cerrar los ojos y olvidar mi acercamiento a la muerte con una noche más, o porque hay un silencio inmaculado en mi mente que no sé interpretar. Mi humanidad está siendo manipulada por una fuerza ajena a mi voluntad, no medito palabras, no materializo pensamientos. Algo me impulsó a escribir, pero no tengo siquiera un título, ni ideas concretas en mi mente, tengo una musa, pero no quiero decepcionarle con estas patéticas líneas. 

Deseo hablar, quiero moverme, correr y olvidarme del mundo. Anhelo la lluvia para por lo menos justificar esta melancolía, tal vez que haga calor para por lo menos deleitarme en frustración. Quiero escuchar una canción, compartirla y responder: para defenderme tal vez, o para justificar una respuesta. Pero hoy más que nunca no surge, hoy no soy melómano, mi repertorio se extinguió, antes había música para cada ocasión, para cada pregunta, incógnita o mal entendido. Hoy no hay algo.

            Estoy atónito y no entiendo la causa. Las letras son víctimas de mi imprudencia, aparecen y desaparecen en hojas porque sucumben ante mi impotencia… impotencia de plasmar aquello que me agobia. Quiero estar realmente solo para ensimismarme comprender mi soledad física, para tener más excusas de extrañar Su presencia a pesar de las disyuntivas. Hoy es cuando más necesito de Usted, más quiero sentir Su tacto, oler Su aroma, más quiero pensar en el movimiento inerte de Sus labios improvisando una sonrisa, o simplemente quiero observar Su omnipotente esplendor de ternura. Sepa que es Usted la causante de este estado anímicamente hostil que me envuelve en epítetos inverosímiles y paradójicos. No me reconozco, lo que digo no tiene sentido alguno, no es mi noche: sepa que es la Suya; la Suya en mí sin definición alguna, sin permiso, sin intención, es Usted la soberana de esta nación.

En noches como esta soy adepto a Su imperfecta belleza clandestina, a Sus dedos y manos, a los lunares genuinos en Su piel oscura, a Su cabello fúnebre y despeinado, a esa mirada desafiante e incinerada ya por Su lumbre activa. En noches como esta soy adicto a lo que es Usted, y a lo que no es también. Pero esta no, hoy no. Hoy, Su humanidad está más cerca de lo que habría deseado antes, siento que me mira en algún rincón de mi asolada casa, que aparece y desaparece Su espectro ambulante por las ventanas, que me observa desde el techo guindado, como acechándome para amedrentarme.

No importa; amiga, esta noche también juro lealtad, fidelidad a su recuerdo, a lo que es Usted en mí… a esa definición tan inasible e irreal para los escépticos que poco la conocen. Siga Usted inmersa en mi cerebro por favor, en mis cinco sentidos, que yo no le dejaré escapar. Tal vez esto demore un poco, pero algún día sucederá, eso téngalo Usted por seguro.

Su fiel adepto;
Hasta en la noche más lúgubre:
Luis Escalante

Penurias del 23.


Sábado 23, Octubre 2011.
Querida mujer:

     A las 18 horas, son más los segundos febriles que las horas somnolientas. Permítame Usted, regocijarme de su presencia que vaga inerte por los confines inexistentes de mi memoria, supongo que he de atribuirle la virtud del recuerdo a la soledad perenne que me acompaña. Su merced, que deambula con un alma nómada por los suburbios de una ciudad asolada, triste y llena de perfidia. Tan acostumbrada al disfraz reluciente de su cuerpo etéreo que lleva la más excitante representación de belleza en apogeo, en las mentes fértiles de quienes la comparten.

     Mujer veraz, excelsa de virtudes y temperamental, sepa Usted que el tedio hostil que me asalta aumenta mis necesidades de adjudicar su ser al mío, en cuerpo y alma. Las ansiedades me hacen sentir vivo, bizarro, liberal… pero son solo interpretaciones irracionales de mi humanidad mezquina, pues la negligencia de mis actos deja impune la vanidad de mis palabras. 
  
    Los ocasos y crepúsculos, son solo una despedida gaznápira e irritante del día que sucumbe, y que solo me hacen pensar en los segundos, minutos, horas, días y semanas que el silencio es; una vez más, verdugo fiel de mis deseos y pasiones fervorosas. El anochecer solo me recuerda el sosiego que me invade el imaginar su cuerpo estéril y desnudo (con todo el respeto que Usted se merece), iluminado por una tenue luz diáfana que entre sombras y obscuridad dan sentido a su silueta, su disfraz. 

Recordándole que sigo fiel a su recuerdo,
Su estimado amigo y mártir sin destino:
Luis Escalante