jueves, 3 de noviembre de 2011

Penurias del 2.


Miércoles 02, Noviembre 2011                                                                                 23:02 h
Para Usted, debe ya saberlo.

Está culminando el día y la somnolencia no me domina aun, quizá porque no quiero cerrar los ojos y olvidar mi acercamiento a la muerte con una noche más, o porque hay un silencio inmaculado en mi mente que no sé interpretar. Mi humanidad está siendo manipulada por una fuerza ajena a mi voluntad, no medito palabras, no materializo pensamientos. Algo me impulsó a escribir, pero no tengo siquiera un título, ni ideas concretas en mi mente, tengo una musa, pero no quiero decepcionarle con estas patéticas líneas. 

Deseo hablar, quiero moverme, correr y olvidarme del mundo. Anhelo la lluvia para por lo menos justificar esta melancolía, tal vez que haga calor para por lo menos deleitarme en frustración. Quiero escuchar una canción, compartirla y responder: para defenderme tal vez, o para justificar una respuesta. Pero hoy más que nunca no surge, hoy no soy melómano, mi repertorio se extinguió, antes había música para cada ocasión, para cada pregunta, incógnita o mal entendido. Hoy no hay algo.

            Estoy atónito y no entiendo la causa. Las letras son víctimas de mi imprudencia, aparecen y desaparecen en hojas porque sucumben ante mi impotencia… impotencia de plasmar aquello que me agobia. Quiero estar realmente solo para ensimismarme comprender mi soledad física, para tener más excusas de extrañar Su presencia a pesar de las disyuntivas. Hoy es cuando más necesito de Usted, más quiero sentir Su tacto, oler Su aroma, más quiero pensar en el movimiento inerte de Sus labios improvisando una sonrisa, o simplemente quiero observar Su omnipotente esplendor de ternura. Sepa que es Usted la causante de este estado anímicamente hostil que me envuelve en epítetos inverosímiles y paradójicos. No me reconozco, lo que digo no tiene sentido alguno, no es mi noche: sepa que es la Suya; la Suya en mí sin definición alguna, sin permiso, sin intención, es Usted la soberana de esta nación.

En noches como esta soy adepto a Su imperfecta belleza clandestina, a Sus dedos y manos, a los lunares genuinos en Su piel oscura, a Su cabello fúnebre y despeinado, a esa mirada desafiante e incinerada ya por Su lumbre activa. En noches como esta soy adicto a lo que es Usted, y a lo que no es también. Pero esta no, hoy no. Hoy, Su humanidad está más cerca de lo que habría deseado antes, siento que me mira en algún rincón de mi asolada casa, que aparece y desaparece Su espectro ambulante por las ventanas, que me observa desde el techo guindado, como acechándome para amedrentarme.

No importa; amiga, esta noche también juro lealtad, fidelidad a su recuerdo, a lo que es Usted en mí… a esa definición tan inasible e irreal para los escépticos que poco la conocen. Siga Usted inmersa en mi cerebro por favor, en mis cinco sentidos, que yo no le dejaré escapar. Tal vez esto demore un poco, pero algún día sucederá, eso téngalo Usted por seguro.

Su fiel adepto;
Hasta en la noche más lúgubre:
Luis Escalante

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