Miércoles 02, Noviembre
2011
23:02 h
Para Usted, debe ya saberlo.
Está
culminando el día y la somnolencia no me domina aun, quizá porque no quiero
cerrar los ojos y olvidar mi acercamiento a la muerte con una noche más, o
porque hay un silencio inmaculado en mi mente que no sé interpretar. Mi
humanidad está siendo manipulada por una fuerza ajena a mi voluntad, no medito
palabras, no materializo pensamientos. Algo me impulsó a escribir, pero no
tengo siquiera un título, ni ideas concretas en mi mente, tengo una musa, pero
no quiero decepcionarle con estas patéticas líneas.
Deseo
hablar, quiero moverme, correr y olvidarme del mundo. Anhelo la lluvia para por
lo menos justificar esta melancolía, tal vez que haga calor para por lo menos
deleitarme en frustración. Quiero escuchar una canción, compartirla y
responder: para defenderme tal vez, o para justificar una respuesta. Pero hoy
más que nunca no surge, hoy no soy melómano, mi repertorio se extinguió, antes
había música para cada ocasión, para cada pregunta, incógnita o mal entendido.
Hoy no hay algo.
Estoy
atónito y no entiendo la causa. Las letras son víctimas de mi imprudencia,
aparecen y desaparecen en hojas porque sucumben ante mi impotencia… impotencia
de plasmar aquello que me agobia. Quiero estar realmente solo para ensimismarme comprender mi
soledad física, para tener más excusas de extrañar Su presencia a pesar de las
disyuntivas. Hoy es cuando más necesito de Usted, más quiero sentir Su tacto,
oler Su aroma, más quiero pensar en el movimiento inerte de Sus labios improvisando una sonrisa, o
simplemente quiero observar Su omnipotente esplendor de ternura. Sepa que es
Usted la causante de este estado anímicamente hostil que me envuelve en
epítetos inverosímiles y paradójicos. No me reconozco, lo que digo no tiene
sentido alguno, no es mi noche: sepa que es la Suya; la Suya en mí sin
definición alguna, sin permiso, sin intención, es Usted la soberana de esta
nación.
En noches
como esta soy adepto a Su imperfecta belleza clandestina, a Sus dedos y manos,
a los lunares genuinos en Su piel oscura, a Su cabello fúnebre y despeinado, a
esa mirada desafiante e incinerada ya por Su lumbre activa. En noches como esta
soy adicto a lo que es Usted, y a lo que no es también. Pero esta no, hoy no.
Hoy, Su humanidad está más cerca de lo que habría deseado antes, siento que me
mira en algún rincón de mi asolada casa, que aparece y desaparece Su espectro
ambulante por las ventanas, que me observa desde el techo guindado, como acechándome
para amedrentarme.
No
importa; amiga, esta noche también juro lealtad, fidelidad a su recuerdo, a lo
que es Usted en mí… a esa definición tan inasible e irreal para los escépticos
que poco la conocen. Siga Usted inmersa en mi cerebro por favor, en mis cinco sentidos, que yo no le
dejaré escapar. Tal vez esto demore un poco, pero algún día sucederá, eso téngalo Usted por seguro.
Su fiel adepto;
Hasta en la noche más
lúgubre:
Luis
Escalante
No hay comentarios:
Publicar un comentario