Siempre
coexiste Usted junto a esta inexorable espera. Y es que por más que no le tenga
le llevo conmigo. Alguna parte de Usted intenta no desprenderse de mí. Sus
reminiscencias me hastían el insomnio, su aroma vago satura alguno de mis
sastres, sus palabras como sanguijuelas fermentan mi esencia de anacoreta, su
mirada desafiante quiere calarme los sentidos, y este ferviente deseo –que
también es suyo– quiere desafiar mis más íntimas quimeras, aún en sus más
recónditas guaridas. Es esa retahíla que hilvana y lleva su nombre, la que se
aferra a mis últimos fracasos.
Este
sofá –que ahora me sirve de descanso– también le recuerda. Por las noches
apenas me sirve de diván y se viste de empático compañero a quién le es ameno
oír mis frecuentes cavilaciones. Esporádicamente me recuesto y cuento las
razones de tan amena catalepsia que de un tiempo para acá me ha ido gobernando –esperando
respuesta quinésica en algún momento de mi compañía–, y el ensimismamiento
apenas me ayuda a reconocer acciones de dudoso raciocinio, pero de confiable
credibilidad.
Adoro
la forma
en que su
cuerpo me desafía,
la
virulencia con que me arremete
carente
de intenciones.
Adoro
su
intransigencia,
la misma
que se postra en su mirada,
ese
azabache que pregona
lo
enigmático.
Adoro
el morbo
que me
deja la difusión,
la
dicotomía que se halla
entre su
marchante figura
y el
horizonte.
Adoro,
vanidosa y caprichosamente,
la forma
en que le imagino cerca.
Como
planeo y confabulo junto a mis labios
la
estratagema perfecta
para
cercenar la distancia que me separa de los suyos,
y
acelerar tan anhelado rose.
Ese,
donde la autenticidad del ósculo
flagelen
el estupor de todos sus escrúpulos.
Donde
pueda saborear
y palpar
alguna de
sus confianzas,
al mismo
tiempo
en que
pueda ofrecerle
toda la
mía.
Así difiere la noche de mi
percepción del tiempo y el espacio. La bilocación me vuelve etéreo y me lleva
hacia Usted, o me permite tenerle cerca.
Así su
nombre se tatúa y me deja alienado, volviendo tabú todos mis pensamientos. Dejando
a merced del silencio todo sacrilegio que intente quebrar tan idílica armonía.
Permítase
una vez más involucrarse en mi somnolencia, pues ha sido así como Usted ha
ingresado a mis auténticos insomnios, que hablan de Usted, en particular.