sábado, 13 de octubre de 2012

Somnolencia, 23



Siempre coexiste Usted junto a esta inexorable espera. Y es que por más que no le tenga le llevo conmigo. Alguna parte de Usted intenta no desprenderse de mí. Sus reminiscencias me hastían el insomnio, su aroma vago satura alguno de mis sastres, sus palabras como sanguijuelas fermentan mi esencia de anacoreta, su mirada desafiante quiere calarme los sentidos, y este ferviente deseo –que también es suyo– quiere desafiar mis más íntimas quimeras, aún en sus más recónditas guaridas. Es esa retahíla que hilvana y lleva su nombre, la que se aferra a mis últimos fracasos.
Este sofá –que ahora me sirve de descanso– también le recuerda. Por las noches apenas me sirve de diván y se viste de empático compañero a quién le es ameno oír mis frecuentes cavilaciones. Esporádicamente me recuesto y cuento las razones de tan amena catalepsia que de un tiempo para acá me ha ido gobernando –esperando respuesta quinésica en algún momento de mi compañía–, y el ensimismamiento apenas me ayuda a reconocer acciones de dudoso raciocinio, pero de confiable credibilidad.

Adoro
la forma
en que su cuerpo me desafía,
la virulencia con que me arremete
carente de intenciones.

Adoro
su intransigencia,
la misma que se postra en su mirada,
ese azabache que pregona
lo enigmático.

Adoro
el morbo
que me deja la difusión,
la dicotomía que se halla
entre su marchante figura
y el horizonte.
           
Adoro, vanidosa y caprichosamente,
la forma en que le imagino cerca.
Como planeo y confabulo junto a mis labios
la estratagema perfecta
para cercenar la distancia que me separa de los suyos,
y acelerar tan anhelado rose.
Ese, donde la autenticidad del ósculo
flagelen el estupor de todos sus escrúpulos.
Donde pueda saborear
y palpar
alguna de sus confianzas,
al mismo tiempo
en que pueda ofrecerle
toda la mía.

            Así difiere la noche de mi percepción del tiempo y el espacio. La bilocación me vuelve etéreo y me lleva hacia Usted, o me permite tenerle cerca.
Así su nombre se tatúa y me deja alienado, volviendo tabú todos mis pensamientos. Dejando a merced del silencio todo sacrilegio que intente quebrar tan idílica armonía.
Permítase una vez más involucrarse en mi somnolencia, pues ha sido así como Usted ha ingresado a mis auténticos insomnios, que hablan de Usted, en particular.

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