Me
queda una lista de fallas interminables.
Algunos errores que fueron enmendados
y otros que simplemente no hallaron perdón.
Indemnizar las culpas es tan
difícil como exorcizarlas.
Me queda el recuerdo de tanta tinta derramada,
que bailaba en el papel, que sucumbía ante mi agonía
o mi
sosiego,
bajo el desenfreno de una sola pasión.
Cartas que fueron leídas,
que
fueron comprendidas.
Me
queda el recuerdo inmune de una mujer
que está calada en mi cuerpo.
El tiempo
invertido que nunca regresará.
Las proezas ahora sólo son sales de orilla.
Una
flor que padeció el olvido.
Una letra más que fue borrada.
No
sé si tengo, no sé si me queda:
una mujer que escogí entre cientos,
una mirada
que titubeaba,
una leve sonrisa que se asomaba al verme.
Unas manos
que no
dudaban
en aferrarse a mí.
Una mujer que no quiero que se transforme
en
recuerdo,
en una brisa matutina,
en la lluvia que se derrumba en mi mansarda.
No quiero que sea un reflejo difuso
en un charco de agua.
Hay
una mujer que amo,
porque me enseñó a odiarla.
Ella, quien me enseñó con
reciprocidad
lo que se siente
ser amado,
correspondido.
Alguien
que me
defendía,
que me veía
siempre con buenos ojos.
Y no creo que se equivocara.
Es
una mujer irrepetible,
es mi amiga
y mi amante.
Un vino añejo,
el reflejo que
se proyecta en mi espejo.
Es
la mujer que me quebranta el alma,
y no hay atenuantes,
yo también lo hice
cuando la histeria me abordaba.
Ella curó mi cobardía,
me mostró lo que se siente ser
perdonado.
No escatimó
con
lo mesiánico de su sonrisa,
o los espasmos de su cuerpo sudado.
Tuve la fortuna
de toparme con una mujer que lo entrega todo,
que no es egoísta como creía.
Yo
le entregué mi vida,
mi sentimiento más añejo
forjado en la espera.
Ella me
entregó su confianza,
sus miedos.
Me dio su mano
y aceptó mi compañía.
Ella
un día se fue, pero quiso regresar.
La amo,
porque logré lo imposible.
Doblegué su orgullo
con mi ingenuidad,
le ofrecí seguridad
con mi
vulnerabilidad.
Le arropé con la mirada,
esa que tanto le gusta.
Le fundí entre
mis brazos,
donde creó su refugio.
Por momentos la amo,
otros ratos le
odio.
Soy un faquir afortunado,
uno quien desbordó amor
de sentimientos
pétreos.
Una marabunta de emociones
que abundan hasta el ahogo.
Pero todo fue en vano...
ruinas,
miseria,
vergüenza,
arrepentimiento.
Mis méritos mutaron a fracasos.
Sustenté amor para el presente.
¿Y el futuro?
¿Dónde queda todo lo que se forjó?
Soy una serpiente sin cabeza,
un cuerpo sumido en el vacío.
Inoculé dudas en su memoria
mientras todo desfila
hacia la nada…
hacia la mierda.
Ahora ella es una brújula imantada.
No le olvidaré,
mi amor no sucumbirá.
Le quiero junto a mí,
siempre.
En mi futuro.
Pero eso no es suficiente.
Quiero empezar de nuevo,
asumir mis errores,
hacerle sentir
segura,
volver a
enajenar
su sonrisa.
Retener sus trozos entre mis brazos.
Le quiero,
porque le he permitido tantas cosas,
porque ella es lo que creo que es: Gisself, quien enajenó mi alma.
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