jueves, 3 de noviembre de 2011

Penurias del 23.


Sábado 23, Octubre 2011.
Querida mujer:

     A las 18 horas, son más los segundos febriles que las horas somnolientas. Permítame Usted, regocijarme de su presencia que vaga inerte por los confines inexistentes de mi memoria, supongo que he de atribuirle la virtud del recuerdo a la soledad perenne que me acompaña. Su merced, que deambula con un alma nómada por los suburbios de una ciudad asolada, triste y llena de perfidia. Tan acostumbrada al disfraz reluciente de su cuerpo etéreo que lleva la más excitante representación de belleza en apogeo, en las mentes fértiles de quienes la comparten.

     Mujer veraz, excelsa de virtudes y temperamental, sepa Usted que el tedio hostil que me asalta aumenta mis necesidades de adjudicar su ser al mío, en cuerpo y alma. Las ansiedades me hacen sentir vivo, bizarro, liberal… pero son solo interpretaciones irracionales de mi humanidad mezquina, pues la negligencia de mis actos deja impune la vanidad de mis palabras. 
  
    Los ocasos y crepúsculos, son solo una despedida gaznápira e irritante del día que sucumbe, y que solo me hacen pensar en los segundos, minutos, horas, días y semanas que el silencio es; una vez más, verdugo fiel de mis deseos y pasiones fervorosas. El anochecer solo me recuerda el sosiego que me invade el imaginar su cuerpo estéril y desnudo (con todo el respeto que Usted se merece), iluminado por una tenue luz diáfana que entre sombras y obscuridad dan sentido a su silueta, su disfraz. 

Recordándole que sigo fiel a su recuerdo,
Su estimado amigo y mártir sin destino:
Luis Escalante

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