jueves, 29 de septiembre de 2011

Palabras de un alma delirante

     Y, entre las ambivalencias existenciales, los dilemas y el placer espontáneo y efímero: ¿Existe un simple palíndromo que explique a ciencia cierta lo que es la felicidad? ¿Es Roma el anagrama que puede especificar o definir realmente tal incógnita en sus múltiples contextos? ¿Tiene que ser exactamente una definición intangible, o es inherente a una apariencia física de un objeto, un algo o un alguien? ¿Tan complejo es que siempre reparamos en aquella triste y aislada frase inocente que dicta: “Lo esencial es invisible a los ojos”, que solo prolonga con suspenso y heraldos la tan desesperante ansiedad por conseguirle algún sentido a todo lo que hacemos o dejamos hacer? Quizá buscar la felicidad con sueños y un optimismo que sirva de premisa sea lo ideal, tal vez encontrarla y mantenerla es lo difícil. Pero ¿llegará a ser tan placentero el esfuerzo de lograrlo como para dejar que el final sea el mismo, y aquello que tanto trabajo costó encontrar, se desaparezca con un cerrar de ojos y la ausencia del sístole y el diástole? El libreto siempre es el mismo, la insolente muerte pone desasosiego a lo que queremos lograr, porque al final nunca sabremos si viviremos lo necesario para disfrutarlo. Aunque es relativo, vivir el día a día es un simple engaño muchas veces vivimos por inercia, otras vivimos porque "así llaman a ese combustible absurdo de moverse". ¿Vivir a plenitud 10 segundos y esperar con orgullo el hades, o vivir estando muerto? he ahí el dilema.
      El bienestar propio es la utopía más anhelada, y en eso se resume; una vía hostil donde la única perspectiva egoísta es vivir para sí mismo, con la única esperanza de que el tiempo pase y nuestra línea del tiempo se desvanezca como las figuras en la arena del desierto.

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