Palabras de un alma delirante
Y,
entre las ambivalencias existenciales, los dilemas y el placer
espontáneo y efímero: ¿Existe un simple palíndromo que explique a
ciencia cierta lo que es la felicidad? ¿Es Roma el anagrama que puede
especificar o definir realmente tal incógnita en sus múltiples
contextos? ¿Tiene que ser exactamente una definición intangible, o es
inherente a una apariencia física de un objeto, un algo o un alguien?
¿Tan complejo es que siempre reparamos en aquella triste y aislada frase
inocente que dicta: “Lo esencial es invisible a los ojos”, que solo
prolonga con suspenso y heraldos la tan desesperante ansiedad por
conseguirle algún sentido a todo lo que hacemos o dejamos hacer? Quizá
buscar la felicidad con sueños y un optimismo que sirva de premisa sea
lo ideal, tal vez encontrarla y mantenerla es lo difícil. Pero ¿llegará a
ser tan placentero el esfuerzo de lograrlo como para dejar que el final
sea el mismo, y aquello que tanto trabajo costó encontrar, se
desaparezca con un cerrar de ojos y la ausencia del sístole y el
diástole? El libreto siempre es el mismo, la insolente muerte pone
desasosiego a lo que queremos lograr, porque al final nunca sabremos si
viviremos lo necesario para disfrutarlo. Aunque es relativo, vivir el
día a día es un simple engaño muchas veces vivimos por inercia, otras
vivimos porque "así llaman a ese combustible absurdo de moverse". ¿Vivir
a plenitud 10 segundos y esperar con orgullo el hades, o vivir estando
muerto? he ahí el dilema.
El bienestar propio es la utopía más
anhelada, y en eso se resume; una vía hostil donde la única perspectiva
egoísta es vivir para sí mismo, con la única esperanza de que el tiempo
pase y nuestra línea del tiempo se desvanezca como las figuras en la
arena del desierto.
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