viernes, 20 de enero de 2012

Carta a nadie, desde la nada                                                                                                        Enero 20, viernes.
2.240 h
[Conciencia...]

     Hoy sería un día de invierno si habitara otro lugar, quizás las condiciones climatológicas para tal tiempo no se dan en mi entorno, pero está haciendo un escalofriante y gélido frío. No solo parece invierno por las aparentes bajas temperaturas que hacen convulsiones turbulentas de mi vulnerable cuerpo, la melancolía ya mermada y aprehendida hace presencia inmaculada en este acto solemne como fiel testigo y predicadora de estos meses tan lúgubres, taciturnos y bochornosos.

     La vehemencia de emociones claras y sensaciones e hipótesis confusas solo han sido parte de lo que será un legado vergonzoso, insulso, basado en un pasado somnoliento. Si de enumerar errores se tratase, la búsqueda e invención del número infinito se alargaría y sería más vana de lo normal.  Sin embargo, secuelas y cenizas de tan patéticas acciones nuevamente son la premisa –o simplemente masoquismo- que servirá de antesala  a actitudes bizarras, carentes de tortuosidad y poco sibilinas.

     Amén de esto, la sideral distancia que aparta la esperanza de la realidad busca consumirse. Las palabras que quedaron escritas tal vez no engranen en perfecta simetría con la voluntad de los hechos. Utopías y distopías, quimeras e ilusiones  resucitan, reaparecen, siempre seductoras y persuasivas solapando discretamente una realidad infernal, pretendiendo desatar la maldad de Pandora.

      El tiempo se desgasta cada vez más, hoy estoy más viejo que ayer y más joven que mañana, pero el Hades y el Olimpo se acercan con violencia, usando sus armas y estratagemas para adjudicarse mi vida, o mejor dicho: mi muerte.
      No hay tiempo para amedrentarse más, para manifestar dolor y culpas, para clasificar culpables e inocentes. No hay atenuante alguno. Solo vida, tiempo y muerte, aunado a lo que el poder de una voluntad pueda hacer con ello.

Sin epílogo ingenioso;
Pues se marchó con mi inspiración.
 
 
 
firma:
Luis Escalante

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